Reinventarse o morir.

Uno de mis libros favoritos es La Identidad, de Kundera. Una pareja de enamorados que empieza a entrar en crisis cuando ella se da cuenta de que ya nadie, salvo su marido, la desea. Ese sentimiento de haber perdido el atractivo hacia el resto provoca en ella una profunda pena. Así que su marido idea un plan a sus espaldas para recuperar su autoestima: comienza a escribirle cartas anónimas de un supuesto admirador.

Poco a poco, ella va recuperando su alegría. Las cartas de él son tan certeras (claro) que incluso ella empieza a enamorarse y a fantasear con aquel desconocido. Mientras, su marido observa, atónico, cómo su mujer empezaba a enamorarse de alguien “que no es él” y que encima lo mantiene en secreto.

Porque la mujer, no nos engañemos, siempre ha tenido una mayor dependencia a ese chute de dopamina que provoca el sentirse deseado. Recordaba esta mañana que por lo que leo, escucho y me comentan, La Isla de las Tentaciones está dejando situaciones parecidas a las que se vivieron en Confianza Ciega, una versión similar de hace 20 años. Mujeres que caen con mayor facilidad a las trampas del programa y que les hacen descolocarse y dudar de sus relaciones con mayor frecuencia que los hombres.

Podríamos hablar ya, incluso, de la Tinderización de las relaciones de pareja. 20 años después los patrones de comportamiento son los mismos: ellas son más exigentes que los hombres y la vez más dependientes de reafirmar su ego. Coctel explosivo, amigos. Con el tiempo, no solo no se ha conseguido cambiar esto, sino que las rrss, además, han acelerado los procesos. Ahora hay más capacidad para relacionarse con más gente a la vez. Es decir, para darte cuenta antes que siempre hay algo mejor. ¿Por qué quedarme aquí si mañana vuelven a aparecer opciones nuevas?

Esto nos obliga, chicos, a tener que reinventarnos cada día si no queremos perder aquello que amamos. ¿Y si yo también me convirtiera en una opción nueva, diferente (y mejor) de mí mismo a diario?

-¡Ahora, ahora! -gritó la Reina-. ¡Más rápido, más rápido!

Y fueron tan rápido que al final parecía como si estuviesen deslizándose por los aires, sin apenas tocar el suelo con los pies; hasta que de pronto, cuando Alicia ya creía que no iba a poder más, pararon y se encontró sentada en el suelo, mareada y casi sin poder respirar.

La Reina la apoyó contra el tronco de un árbol y le dijo amablemente:

-Ahora puedes descansar un poco.

Alicia miró alrededor suyo con gran sorpresa.

-Pero ¿cómo? ¡Si parece que hemos estado bajo este árbol todo el tiempo! ¡Todo está igual que antes!

-¡Pues claro que sí! -convino la Reina-. Y ¿cómo si no?

-Bueno, lo que es en mi país -aclaró Alicia, jadeando aún bastante – cuando se corre tan rápido como lo hemos estado haciendo y durante algún tiempo, se suele llegar a alguna otra parte…

-¡Un país bastante lento! -replicó la Reina- Lo que es aquí, como ves, hace falta correr todo cuanto una pueda para permanecer en el mismo sitio.Y si quieres llegar a otra parte, por lo menos has de correr el doble de rápido.”

“Alicia a través del espejo”

Lewis Carroll

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s