Casa de Juegos (por @israelloranca)

Una vez cerrada la ventana veraniega de traspasos en el mercado europeo y con los primeros escarceos de la temporada que nos viene, podemos con más tranquilidad analizar el estado actual de las plantillas. La actividad veraniega está alejada de los terrenos de juego pero es de vital importancia para obtener el éxito en la nueva temporada.

Como es habitual, el Real Madrid ha vuelto a ser protagonista de un mercado estival que, como si fuera protagonista de un film noir, parece esperar siempre el twist final del equipo que preside Florentino Pérez. En esta ocasión, esa vuelta de tuerca de última hora no se produjo, no al menos a favor, y los movimientos del actual campeón de Europa pueden valorarse como una mezcla entre la planificación germánica y la pasión más mediterránea.

El Madrid evidenció en fases de la temporada anterior problemas en el puesto de portero, falta de recursos en el centro del campo y quizá un delantero que pudiera apretar a Benzema. Los movimientos del club fueron todos en esa dirección, respuesta clara a una planificación previa.

Álvaro Morata y Casemiro fueron los primeros en marchar cedidos (o traspasados con opción de compra) a Juventus y Oporto, respectivamente. Su participación en la temporada anterior fue residual, entrando esporádicamente en la rotación del equipo. Las cesiones a conjuntos donde pudieran avanzar en su educación deportiva parecía el paso más natural.

Casemiro demostró ser un mediocentro posicional defensivo de buenas condiciones y de cierta personalidad. Inexperto y algo lento de movimientos debe mejorar en la comprensión del juego y ser más ágil en su aplicación si quiere volver siendo un jugador más importante en la rotación. El Oporto parece un excelente destino.

Por su parte, Morata es un interesante proyecto de delantero que todavía desconoce la mayoría de las virtudes que debe tener un 9 de primer nivel. Buen rematador, fuerte, potente, Morata no tiene además ningún problema en caer a banda a pesar de no ser especialmente hábil. Y gol, porque el chico tiene gol. El canterano logró nueve goles en Liga jugando a ratos. Una cifra nada desdeñable. Sin embargo, carece de lectura de juego, le sobra ansiedad y debe quitarse de encima cuanto antes esa manía tan desagradable y contraproducente para su fútbol de mirar al balón mientras lo conduce a trompicones. En definitiva, tiene potencial pero debe aprender a usarlo. La Juventus no parece a priori el destino más apropiado pero el interés del jugador por recalar en el Calcio derrotó al entusiasmo de la Premier.

El puesto de Casemiro estaba suficientemente cubierto por Illarramendi y Xabi Alonso. Las necesidades de la plantilla en el centro del campo exigían un jugador de perfil distinto, un interior que pudiera apoyar en la elaboración del juego pero que tuviera un rendimiento mucho mayor en fase ofensiva. En pocas palabras, otro Modric. El Madrid encontró al mejor posible, el alemán Toni Kroos. Aunque muchos se han apresurado a situar a Kroos como mediocentro posicional, realmente no es el puesto en el que mejor se desenvuelve este jugador. Kroos es a día de hoy un acompañante del MCD pero nunca puede ser el vértice inferior del centro del campo porque no tiene asumido aún el rol defensivo y de repliegue que necesita esa posición. Probablemente sea su evolución natural pero eso será dentro de unos años. De prodigioso desplazamiento en largo, gran filtrador de pases, entiende el juego admirablemente y tiene un excelente lanzamiento desde larga distancia con cualquier pierna. Un centrocampista de los que el Madrid no tenía. Un recambio inmejorable para Ángel Di María, un extremo adaptado al centro del campo. El coste del traspaso y el golpe a la línea de flotación asestado a un rival directo convierten al fichaje de Kroos en el fichaje perfecto.

Una vez apuntalada la zona media, Florentino Pérez encendió la televisión y se echó a la espalda la escopeta de caza. El Mundial suele ser un escaparate luminoso para los futbolistas y es una cita a la que cada cuatro años acude sin falta el presidente del Real Madrid. Y allí, en Brasil, donde se congregaron la mayoría de los mejores jugadores del mundo, sobresalió por encima de todos la figura del colombiano James Rodríguez. Y Florentino entró en combustión.

James Rodríguez es uno de esos fichajes que el presidente blanco cataloga de “estructurales”, es decir, que no tienen una motivación estrictamente deportiva aunque el jugador sea excelente. James Rodríguez es un mediapunta que puede arrancar desde el centro o desde cualquier banda para enganchar con los delanteros. Un puesto que en el 433 del Real Madrid no existe. Y eso supone un problema para James y para Ancelotti. Y de paso también para Isco, un jugador que aun siendo compatible con James es muy parecido al colombiano.

De cualquier forma, James es un futbolista excelente. De trato exquisito con el balón, asociativo, golpeo de manual, con mucha personalidad y un olfato goleador superior a compañeros de posición, el tiempo dirá si su fichaje es acertado o no. Sí se puede afirmar que deportivamente es innecesario a todas luces. Parece muy poco probable que James pueda realizar la misma reconversión que hizo Ángel Di María el año anterior. El colombiano es sin duda mejor futbolista en su puesto natural pero carece de la capacidad física y el sacrificio del argentino para jugar más atrás. James no puede jugar de centrocampista sin comprometer el equilibrio defensivo.

Y por último llegó el portero. Después de un periodo de duda, Diego López, que tenía un peso menor en la historia del club y sobre todo un finiquito mucho más asequible que el contrato blindado de Iker Casillas, salió para dejar su hueco a Keylor Navas. El portero costarricense venía de realizar una temporada prodigiosa en el Levante que fue refrendada con un admirable Mundial. El coste del traspaso, diez millones de euros, y la carestía de porteros de nivel en el mercado europeo hacen de este fichaje un movimiento inteligente.

Una vez apuntalada la portería, que no solucionado el problema del portero; reforzado el centro del campo y realizado el fichaje de relumbrón de cada año, el club debía aventurarse a por un 9 y equilibrar las cuentas con alguna venta de entidad. El proceso de cambio de ciclo quedaba pospuesto al menos un año más. La Copa de Europa obligaba socialmente a prorrogar la estancia en la plantilla de jugadores que de otra forma habrían agotado ciclo. Pepe, Marcelo Arbeloa, Khedira, Coentrao o Benzema deben agradecer al cabezazo de Sergio Ramos estar todavía en Chamartín. El club ha decidido mantener el armazón del vigente campeón de Europa a pesar de que el ciclo de alguno de los jugadores esté evidentemente agotado. Y probablemente sea la decisión acertada. Al menos la más prudente.

Realmente opciones había pocas para poder equilibrar las cuentas con la venta de un solo jugador. De hecho solo uno reunía todas las características: Ángel di María. Después de un insoportable tira y afloja con media Europa, el Fideo hizo las maletas y marchó a la soleada Manchester para tratar de reflotar al equipo de Old Trafford. Las cifras del traspaso, en una horquilla que oscila entre 70 y 90 millones de euros, son de cualquier forma groseras. Una venta de manual.

El Madrid cambiaba la verticalidad y el esfuerzo agotador de Di María por el purismo de Toni Kroos. Para realizar la función de centrocampista, el Madrid salía claramente reforzado. El argentino apenas tenía hueco en su puesto natural en un equipo donde habitan Cristiano Ronaldo, Bale y la joya de la cantera Jesé Rodríguez.

Poco antes del cierre del mercado el club decidió apostar por Javier “Chicharito” Hernández para paliar la baja de Morata y ofrecer una alternativa a Karim Benzema. El mexicano, venido a menos en los últimos dos años, cumple bastante bien el perfil de goleador de banquillo. El Madrid buscaba un revulsivo, alguien que pudiera alborotar aquellos partidos que se enfangan y que necesitan un aire diferente al plan de juego principal. Y el Madrid apostó por el mexicano. Una apuesta que no ha sentado bien en una afición que solicitaba un 9 de mayor nivel pero que realmente parece la elección más acertada.

Puede haber planificaciones mejores pero indudablemente las hay mucho peores. El club había rellenado los agujeros visibles por todos en la temporada anterior y en su debe solo podía apuntarse cierta pasividad en las salidas de Casillas y Khedira que, por diferentes motivos, seguían en la plantilla a pesar de la necesidad de prescindir de ambos.

Hasta que a cuatro días del cierre del mercado llegó el twist final. La fuga de Alonso. Xabi Alonso decidía marcharse al Bayern de Múnich en una decisión sorprendente y extravagante a partes iguales. Ni el jugador ni el presidente ni nadie del entorno ha sido capaz de ofrecer una respuesta convincente que pueda explicar su marcha y, aunque las hay para todos los gustos, sí parece que la decisión es de todo menos deportiva. Probablemente el bueno de Xabi se ha metido en un lío del que no puede salir en Madrid.

Independientemente de los motivos, la fuga de Xabi Alonso supone un trauma considerable para la zona con menor número de efectivos reales de la plantilla, el centro del campo. La marcha de Xabi, y la incapacidad del club para buscarle un sustituto en cuatro días, suponen que Asier Illarramendi debe dejar atrás su timidez y dar un paso al frente sí o sí; que Toni Kroos deberá asumir en muchas ocasiones un rol para el que no está completamente preparado; y que obliga a Khedira, un jugador con una situación contractual delicada, a tener más importancia de la que debería. Isco y James, los dos mediapuntas del equipo, se verán obligados sin duda a adaptarse a un zona más retrasada.

La plantilla del Madrid no es corta. La crítica ha atacado a la confección de la plantilla por el número de efectivos pero realmente solo hay una pieza menos que el año anterior. La plantilla del Madrid está descompensada. Y como siempre lo está en la zona más débil, el centro del campo. El Madrid suele fichar mediapuntas para luego reconvertirlos a centrocampistas y suele contarlos como centrocampistas reales cuando realmente no lo son. Cuando suman se dan cuenta de que no tenían tantos como pensaban. El equipo sufrirá sin duda en esa parte del campo y estará más expuesto que otros conjuntos a las lesiones, la fatiga y las consecuencias que éstas puedan tener a lo largo del año.

Ancelotti tiene que volver a rearmar al equipo. Y rearmar significa buscar un equilibrio que los fichajes, los traspasos y las fugas inesperadas han hecho saltar por los aires. La tarea es complicada y requerirá no solo de la brillantez del italiano sino de la colaboración de varios jugadores que deberán dar un salto de calidad este año. El Madrid ha iniciado un proceso lento de cambio de ciclo que probablemente se complete el año que viene. Pero para que unos se vayan otros tienen que venir y ocupar su lugar. Los chicos más jóvenes tienen que demostrar que pueden vestir la camiseta del diez veces campeón de Europa. Carvajal, Varane, Illarramendi, Isco, Bale, James o Jesé tiene que demostrar que ellos pueden tomar el relevo de los que ya no están o no estarán en breve. De lo contrario, el Madrid no tendrá más remedio que llamar a la revolución.

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